martes, 28 de enero de 2014 0 comentarios

Memorias casi inventadas

Yo era un cadáver
a tiempo parcial,
resucitaba mientras dormía,
y al despertar
volvía a estar muerto.

Los gatos callejeros
me acompañaban al trabajo.
Caminando conmigo
por las aceras
eran mi carcelero.

Todos eran blancos 
o negros, 
y como apenas dormía,
mi carne empezaba 
a pudrirse.

Notaba dentro de mí
pequeños gusanos
de ira, 
otros más grandes
de odio, 
y un par muy largos,
oscuros,
alimentados de miedo
y vergüenza.

Al amanecer me tumbaba
en un ataúd forrado
de lino blanco,
muy suave, 
que me cerraba de un golpe
la rutina.

Y la rutina era pena,
y un poquito de nostalgia,
y anhelo de piel concreta,
y de palabras, 
de muchas palabras.

Y había un me voy
pero me quedo,
y un estoy 
pero lo siento.
Incluso cerveza y amigos, 
por supuesto,
y charlas hablando de sueños
y de viajes inventados.

Pero no estaba ella y yo
era un cadáver
a tiempo parcial,
con gusanos comiendo.

Y de repente,
ojos claros,
ojos tristes,
de repente... 
enero.






domingo, 26 de enero de 2014 0 comentarios

Herejía

Ahora que tengo resaca de ti y me voy con cualquiera,
ahora que sigo teniéndote ganas, ahora
que arrancaría tus botones cobrándome la deuda
en monedas de ropa para tenerte desnuda.

Ahora que a veces se me olvida soñarte mientras sueño,
o me quedo despierto fumándole al techo tus piernas abiertas
de humo, de altar entornado,
de callejón con salida de incendios.
Ahora, procuro no dormir más que sujeto a otro pecho.

Aquí, en la misma cama donde creciste conmigo dentro,
donde vestimos el sexo de palabras, de Allen, de Blake...
donde se guarda tu forma, tus costados, mi miedo...
flota la niebla de nuestro sudor
y un negativo que me imprime, a veces, la forma de tus dedos.

Aquí, donde ya no me respiras ni te bebes mi aliento,
abro el armario con los desayunos de vida tostada
que me comía en tu boca y en tus esquinas por la mañana.
Y lo lleno, ahora, de apeaderos desiertos y estaciones en tránsito,
de Roma Termini, de Atocha... del Austerlitz que nunca pisamos.

Y cuando cierro la puerta, ahora, y me vuelvo,
ya no está nuestro templo, ni tu Nestea, ni Heinz, ni velas, ni incienso...
sólo tus ruinas, las mías, y un puñado de analgésicos...
ibuprofeno en vena contra el dolor reflejo
de no encontrarte entre otros muslos, de que me joda echarte de menos.
martes, 21 de enero de 2014 0 comentarios

hambre

Cada mañana me como mis sueños para desayunar
y salgo a la calle enfermo porque ni siquiera están frescos.
Tienen sabor a viejo, a puerta oxidada dormida en la calle.
Después camino vestido con harapos de hambriento
pidiendo en cada esquina un plato de sopa caliente sobre tu pecho.

Sigo un tratamiento crónico de mentiras fundadas,
dos por la mañana, en las escaleras del metro,
tres de madrugada, para poder dormir.
Me corto con ellas a quince centímetros de la muñeca,
y así regreso a este cuerpo... anémico del tuyo.





 
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