Esta maldita costumbre de acercarme a los heridos,
esta... estúpida búsqueda de lamer heridas que no son mías,
de curarme en el el dolor ajeno.
Este vendaje para tu costado
que me inventé sobre la marcha porque te desangrabas,
ya no me sirve.
No quiero saber si estás curada.
Mi enfermedad se iba cuando entrabas.
Las mejores piernas, la cerveza más rubia,
los pies de uñas pintadas del color más negro...
destrozada...
mi chica gris con la piel más blanca.
Yo iba a curarme dentro de tu boca
de mi dolor crónico ante las puertas cerradas,
de este cáncer de nostalgia a todo,
de la ansiedad, de las palabras...
usando el pañuelo rojo de tu pelo
para atarte las muñecas a la cama.
Te poseía entera y rota, te follaba,
te recomponía a empujones de rabia por la mañana.
Yo iba a curarme dentro de ti
abriendo juntos a Blake sin entenderlo,
entre papel, entre palabras,
entre sudor de sexo húmedo de lágrimas...
gastados los dos, atropellados.
Mi estúpida atracción por los jirones de alma
se me ha acercado en el andén de Tirso.
No sonrías esta noche... no me lo hagas.
Son casi las tres
amontonadas sobre las sábanas.
Mirando al fondo de la habitación
no hay nada,
no me sale nada.
Excepto tú,
me sales tú a borbotones,
me suda tu nombre en la punta de la lengua,
se me desborda la sangre que te dejaste
y se me clava,
a martillazos secos,
rompiéndome los dedos,
aquella estúpida fotografía que te hiciste desnuda
y que guardo en el cajón de al lado.
Tomamos la erección adecuada,
después el camino se abre, y el miedo,
y tú a la izquierda, yo a la derecha,
como cuando dormías en esta cama,
y luego...
luego me jode empuñar tinta
porque se me rompen los dedos,
porque te me apareces
y porque en esta maldita habitación
no hay nada.
amontonadas sobre las sábanas.
Mirando al fondo de la habitación
no hay nada,
no me sale nada.
Excepto tú,
me sales tú a borbotones,
me suda tu nombre en la punta de la lengua,
se me desborda la sangre que te dejaste
y se me clava,
a martillazos secos,
rompiéndome los dedos,
aquella estúpida fotografía que te hiciste desnuda
y que guardo en el cajón de al lado.
Tomamos la erección adecuada,
después el camino se abre, y el miedo,
y tú a la izquierda, yo a la derecha,
como cuando dormías en esta cama,
y luego...
luego me jode empuñar tinta
porque se me rompen los dedos,
porque te me apareces
y porque en esta maldita habitación
no hay nada.
Es la noche.
No me jodas hablándome de escudos y armaduras para defenderte del dolor inútil,
no me cuentes que todos tenemos una,
que nos la vestimos al despertar y nos la desnudamos tras el polvo de antes de dormir.]
Entérate, no existe el dolor inútil.
Si quieres venir conmigo tiene que dolerte,
tienes que morirte de miedo porque pueda hacerte pedazos,
sentir la angustia de que pueda reírme y ensañarme con la piel de tus cicatrices...
sentir vergüenza.
No me hables de cárceles donde te escondes,
pobre animal herido, muriéndote de sed.
Esta noche quiero verte desnuda de piel y huesos, desenterrar tus muertos,
que haya sangre y tripas fuera...
hacerte daño.
Es el único modo de que puedas venir conmigo.
Vístete de otra cuando salgas de mi cama,
protégete de las calles de la ciudad que pisas,
del tipo en el metro que busca con la mirada un gramo de piel bajo tu falda,
de la zorra que en clase te mira de reojo y susurra,
del portero de la oficina que nunca recuerda tu nombre,
de tus padres... defiéndete de ellos.
No te atrevas a hacerlo conmigo.
Es el precio del billete de mis noches.
Es el precio que yo pago.
No me jodas hablándome de escudos y armaduras para defenderte del dolor inútil,
no me cuentes que todos tenemos una,
que nos la vestimos al despertar y nos la desnudamos tras el polvo de antes de dormir.]
Entérate, no existe el dolor inútil.
Si quieres venir conmigo tiene que dolerte,
tienes que morirte de miedo porque pueda hacerte pedazos,
sentir la angustia de que pueda reírme y ensañarme con la piel de tus cicatrices...
sentir vergüenza.
No me hables de cárceles donde te escondes,
pobre animal herido, muriéndote de sed.
Esta noche quiero verte desnuda de piel y huesos, desenterrar tus muertos,
que haya sangre y tripas fuera...
hacerte daño.
Es el único modo de que puedas venir conmigo.
Vístete de otra cuando salgas de mi cama,
protégete de las calles de la ciudad que pisas,
del tipo en el metro que busca con la mirada un gramo de piel bajo tu falda,
de la zorra que en clase te mira de reojo y susurra,
del portero de la oficina que nunca recuerda tu nombre,
de tus padres... defiéndete de ellos.
No te atrevas a hacerlo conmigo.
Es el precio del billete de mis noches.
Es el precio que yo pago.
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