jueves, 10 de abril de 2014 0 comentarios

...quam minimum credula postero

Ahí están... vienen todos en fila... son legión, como el maldito diablo. Atacan siempre a la misma hora. Una leve incursión entre mis filas al despertar, pocos disparos, y el grueso del ataque por la noche, cuando las defensas empiezan a acodarse para dormir en las trincheras del cansancio.

Un ejército entero de palabras tuyas y anhelos míos en formación, entrenadas y entrenados durante nueve meses para matar, adiestrados por el hambre, en el desierto de distancia salvable que nos separa... no hacen ningún ruido.

Siempre odié tu carpe porque el diem no era mío.

Ya ves... anoche soñé con trenes que perdía, corría entre mil andenes que tampoco eran el mío y les veía partir desde Atocha. Antes de despertar me subía a un vagón equivocado y caminaba por los pasillos preguntando si paraba en una estación con tu nombre.

No lograba entender las respuestas, me hablaban en un idioma desconocido.

Al asomarme a las vías te veía pasar, al otro lado del cristal, en un cercanías pintado a spray con la palabra (DES)esperanza... Que le den un altar a la acción poética de ciertos grafiteros oníricos.

Lo sé... un sueño edulcorado por esta tristeza absurda... de los que sabes que odio... y es tuyo. Así que te lo cuento en alto porque te necesito a solas, porque no había amanecido y he tenido tiempo de apuntarlo mientras esperaba... porque el único calor al que dejaría borrarlo es el de tu cuerpo sudando contra el mío.

El tipo que quería joderte en esta misma cama, anotando tu imagen para no olvidarse de que te has ido.






miércoles, 9 de abril de 2014 0 comentarios

más de eso

soledad
es la venérea
que me pegaste
por quererte
sin condón.

soledad 
es la consecuencia
de mi alergia
al látex 
en cada uno de tus no.

y una de chinos en la tele a las tres de la mañana.

soledad
es wan tun frito 
a mil ochenta
y yo insomne 
en el colchón.


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No sé disimular

Existen fantasmas escondidos detrás del fracaso
que me rodean como niebla dentro de una pesadilla.
Existen las arcadas de desamor propio
que me rompen el pecho a convulsiones
y provocan el vómito del qué me falta para serte suficiente.

Existe el dolor en la médula ósea de mi cobardía,
en la rima malsonante que busco entre palabras
para detener la infección que me provocas,
y bajar la fiebre de sueños abandonados esta noche.

Se me quedan huérfanos esos poemas secretos,
pidiendo pan y comiendo indiferencia.
Se me queda desnuda esa mente que quería follarte
rodeada de tu piel y de tus huesos.

Y existe este espasmo de soledad en el lado izquierdo
del colchón que no se guarda tu forma,
y también la sal en las heridas y no en tu cuello.
Existes tú completa como si no existieras
en el centro del laberinto en que los hilos se usan
para cortarme la cabeza.

Se queda mi yo sin tu yo
como partes completas de la nada,
como gusanos que se alimentan de carne diferente.
Se queda muerto el nosotros
amortajado bajo una tela de miradas escondidas para no hacer más daño.

Y yo me como cada una de las partes de tu cuerpo sobre tu boca,
me bebo el deseo de ti a sorbos envenenados de ti
para empezar un diario indecente que escribiré cada noche.

Me acordaré de ti en la próxima entrepierna,
en la siguiente batalla que no me hará más sangre,
lo juro,
que los pedazos del zapato de cristal que te quitaste en verano
para correr descalza sobre el césped.

Y sólo por hoy existen un puñado de lágrimas y mañana
un corazón un poco más de piedra sentado en el andén sin tu maleta,
sin París, sin el Hudson, sin Alborán ni playas,
sin el polvo que le debía a tu alma cuando estuviera desierta.







 
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