sábado, 12 de abril de 2014 0 comentarios

Reflexiones detrás del escaparate

Cómo me gustaría escribir,
a veces,
sobre palomitas
que se equivocan,
como Alberti,

o sobre parises
y aguaceros,
como Vallejo,
incluso sobre
diez cabrones por banda
como Espronceda,

pero si no me sale
estando borracho,
imagínate
con resaca.
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Tu fin justifica mis medios

Aún tenemos una oportunidad, aún puedo seguir haciéndotelo hasta que me sangren los dedos. Todavía tengo el poder de atraparte en este fondo blanco y arrancarte de las calles de ahí afuera... un rapto postmeditado y oculto entre líneas para corregir la historia, enderezarla, guiarla por el camino paralelo al que has elegido, por ése en el que nos tocamos.

Voy a vivir a ratos entre unas cuantas palabras en las que serán ejecutadas el no y la distancia. Y tú ni siquiera vas a darte cuenta, no recibirás mensajes con esa máscara que esconde mi indecente necesidad de respirarte, no vas a verme ni a escucharme.

De vez en cuando voy a hacerte daño, aquí, entre márgenes, entre cuatro fronteras a tiralíneas fuera de las cuales, como en aquella lista de la peli de los judíos que vi en Granada, se extiende el abismo. Porque así es la vida, aprendiz, episodios sin publicidad en los que a ratos nos joden y a ratos jodemos, y de vez en cuando me tocará joderte.

Pero prometo respetar lo que eres, siempre te he preferido así, con tu absurda manera de alejarte y tu puñetera facilidad para desnudarme... y con esa insensata querencia al temor a algo, que todavía no entiendo.

Y aquí, en este desierto blanco en el que yo mando, voy a atarte a la cama para follarte sin protección ni anticonceptivos mentales contra el esperma de palabras que te inunde de lo que podría suceder... por si concibes algo. Aquí, la erección mejora con el alcohol y en determinadas noches puedo llegar al multiorgasmo. Aquí, delante de todos, un vulgar exhibicionista sin gabardina.

Aún tenemos una oportunidad, será una historia bonita que durará un tiempo, luego me pondré triste de tanto sudar tu ausencia y me buscaré un cuerpo que se estremezca y que me diga al oído lo que tú andas diciendo por ahí.


jueves, 10 de abril de 2014 0 comentarios

Breve nota encontrada en una botella en medio de una playa del Índico. Sin fecha.

Te ruego por favor que no me persigas
que salgas a hurtadillas de la grieta de mi mente en la que te escondes,
que te descuelgues por mi costado hasta el suelo,
que uses un hilo de mi carne para no caerte,
que si no vas a quedarte te vayas.

Y deja por favor de ocultarte en los objetos,
sal de la lata de coca cola, sal de mi ropa, de mis tazas,
de la estantería con todos los libros que no he leído,
de las esquinas de mi casa, que me insultan cuando paso
y me golpean, porque te siguen esperando.

No irrumpas más en otros cuerpos,
no me mires desde otros ojos, no pienses que no te veo...
no ocupes más orgasmos ni más sexos, no son tuyos, yo tampoco.
Deja de usurpar otros culos y otras piernas,
pies, ombligos, narices, dedos, clítoris ajenos.

Y deja en paz mi locura, mis palabras... eso sí que duele.
Apártate de lo que escribo, de los puntos suspensivos.
Deja que haya otras sin tu imagen, sin tu sombra,
sin balanza de platillos en la cama y en la vida,
ahí tus gramos, ahí los suyos... triste mercader de Venecia sin escenario.

No hagas, por favor, que tenga que largarme a una isla desierta,
no me jodas, para no cruzarme contigo.




 
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