sábado, 3 de mayo de 2014 0 comentarios

Pensamientos sociales y razones para que vengas

A veces tengo ganas de erradicar
de forma violenta
a toda esa gente
que me cruzo por la vida,
hasta en los semáforos,
infectada por la soberana estupidez
que hace imposible
la supervivencia de la especie.

Propongo la castración selectiva,
sin dilación,
usando un baremo detallado
para medir la gilipollez.
No me entendáis mal,
no lo haría por mi futura descendencia
si existiera o existiese algún día,
si no por propia comodidad.

Otras veces les amo a todos,
les comprendo,
y dejo de abogar por la resurrección de la guillotina.
Esto sólo ocurre
cuando estás conmigo.
¿Te das cuenta, rubia,
de la cantidad de vidas
que podrías salvar?



viernes, 2 de mayo de 2014 0 comentarios

XX4

Yo sentía
aún
el sabor del barro frío en la garganta,
las gotas de lluvia que nunca había cubierto de paraguas
se me clavaban entonces en los párpados cerrados.
Delante de mí se había terminado el camino,
sólo podía avanzar a ciegas
entre una niebla de preguntas de ésas que nunca quieres responder,
por si te cortan,
por si te arañan.

Fue un día cualquiera,
otra mañana de miércoles alineada,
veinticuatro horas más de asedio.
Os juro que tenía la guardia alta,
que cuando te levantas de la lona te acostumbras a no dejar de moverte.
No fue porque la buscara,
no fue porque la necesitara...
tendríais que haberla visto.

La ciudad se nos quedó pequeña
y nos construimos un campamento a las afueras bajo las sábanas.
Éramos nómadas entre su casa y mi casa.
Firmamos la sentencia de muerte al miedo follando en su portal,
ejecutamos el silencio a cualquier hora,
sin preguntar.

Cuando me perdí en su cuerpo fue sin billete de vuelta,
aprendí a dibujar uniendo sus lunares,
aprendí a caminar.

Habíamos firmado un contrato verbal,
no había fecha prevista de resaca,
ni tratamientos,
ni mes que viene.

Era por su forma de hablar,
de abofetear al mundo.
Era su forma de correrse,
su luna creciente en una línea y la mía llena,
su modo de colgarse de mi voz y anudarla entre los dedos
para preguntar siempre por qué.
Su bendita costumbre de violarme la mente en vertical.


jueves, 1 de mayo de 2014 0 comentarios

XX3

Yo tenía una brújula heredada en la mesilla,
marcando siempre al sur,
que ahora confunde tu cuerpo con el norte. 
Por eso cuando te asomas a las esquinas de este papel,
sigilosa,
en secreto,
levantando un milímetro la tapa de la caja de Pandora 
en la que te guardas todas mis tormentas,
sé dónde estás.

Así que me dibujo con tinta negra sin espacios,
con letra apretada, 
con excesos, cigarros,
cerveza y una pizca de sal.
Cabeza hiperpensante irredenta de los que no dan para más,
con tu mismo miedo a la locura,
buscando que desvaríes un segundo para probarme...
mens insana en sexo sucio.

Pudo ser el momento,
el lugar, 
aquellos shorts de piernas interminables, 
dos pares de ojos necesitando ver.
Pudo ser la saliva, tu vestido, la última copa,
mis ganas de pelear,
o creerlo la manera de encontrar el rumbo
desde mi cama al color de tus paredes.

Pudo ser la metadona adulterada en labios extraños
para convalecer de mi adicción a los dedos de tus pies,
la paranoia postcoital después del polvo indebido,
la certeza del furor uterino extendido por la ciudad.

Pudo ser lo que fuera, ya no importa.
Ahora,
simplemente,
aquí tienes mi cadáver,
ponte tus guantes de látex,
búscate.







 
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