martes, 6 de mayo de 2014 0 comentarios

Poema? de deseo con algún término técnico

La mayoría del tiempo es sólo eso.

Un simple rumor con el que a veces me cruzo.

Una ráfaga fría de vacío cabrón que deletrea tu nombre.

Hace tanto que no te veo que cuando intento pensarte
te me apareces dentro de una niebla de líneas borrosas...
yo lo llamo miopía del olvido...
puta deformación profesional.

Supongo que he intentado salvarte en las imágenes nítidas que aún me quedan,
tu pierna derecha...
tus pies descalzos...
tus ojos al biomicroscopio...
la curva de tus caderas treinta grados por detrás.

Imagino que he retocado el resto de tus partes
para colocarte en la portada de la revista que articula mis fracasos.
Que no eres así,
ni tan lista,
ni tan guapa,
ni tan jodidamente especial.

No sé si lo sabes,
hay quien se gana la vida aclarándote estas cosas a cincuenta euros la hora,
pero contigo me he escapado del diván,
he quemado tus fotografías,
la realidad en llamas para mantenerte irreal,
tiempo aprovechado en esconderte dentro de este pedacito de mente enferma
que alterna entre tu ropa y tú desnuda.

Todo porque me gusta cómo eres cuando te recuerdo,
lo jodido es que me gustabas más cuando eras de verdad...
cuando bromeabas con mis puntos suspensivos
sin saber que lo que tengo es miedo al final.

La mayoría del tiempo es sólo eso.
Un simple rumor con el que a veces me cruzo.

La minoría,

si me permites,

no te la contaré...

o te haré una lista de las cosas que me debes
y que pienso haberme cobrado antes de que esto acabe,
cuando vuelva Madrid del revés,
si es que tiene que acabar.



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instrucciones para usarme

agita brevemente con la mano izquierda
la hebilla del cinturón,
mantén la derecha en mi cuello por si lo separo de tu boca.

vístete de puta si quieres mi mente en metálico,
dime algo al oído
y además te firmo un talón.

una vez desnudo en decúbito supino,
si me haces el favor,
usa tu cuerpo como arma de erección masiva.
quédate después.
















domingo, 4 de mayo de 2014 0 comentarios

De verdad que me gustaría

Al principio fueron los parques de Madrid,
los trenes de vuelta a las doce de la noche
y algo menos de veinte años.
El regreso a la celda cada vez que entrábamos en este valle hundido,
con todo al alcance de la mano y siempre demasiado lejos.
Hubo talgos con destino al mar y todas aquellas ganas de correr hacia cualquier sitio,
de acelerar el tiempo cuando había tiempo para todo.

Luego universidad,
dedos que temblaban desabrochando sujetadores
en garitos de Moncloa, en Argüelles, bongos en Tribunal.
Viajábamos en tercera por las calles de la ciudad,
con alguna que otra lanza en el costado
que dejamos caer entre risas, minis de kalimotxo y ansiedad
por cada falda que se nos cruzaba en el camino.
Filosofía barata mezclada con tequila y limón
calados hasta los huesos en el Parque del Oeste.
Dormimos mil noches en vela en aquel coche rojo donde siempre cabían cinco,
que nunca nos defraudó,
dejándonos exactamente donde debíamos estar.

De vez en cuando lloramos,
cuando cambiamos los abrazos que soñábamos por sexo barato
sin adulterar.
Y entre medias había libros y cine,
y esta mano derecha empeñada en escribir,
y una mano izquierda empeñada en arrugar el papel y enterrar palabras en la basura.
Y mientras tanto la misma duda,
la pregunta insistente de lo que viene después.

Creímos que nos habíamos hecho mayores
cuando descubrimos que el mundo no es tan grande,
cuando empezó a haber huecos en las fotografías,
cuando pisé Nueva York, y Londres,
y Amsterdam, y Lisboa durmiendo en un futón.
Cuando Granada estuvo a tres horas y nada más,
cuando se me olvidó el mar en la Punta del Hidalgo.

Y ahora estamos aquí,
queriendo frenar el tiempo cuando hay tiempo para todo.
Ahora que se nos abren los mismos cortes en otros huesos,
que la piel es sólo una pizca más dura y el vino es Don Simón sólo de vez en cuando.
Ahora que ya sabemos cuánto dura para siempre,
que nos hemos muerto un par de veces
y aún vemos amanecer un domingo en las aceras.
Ahora que se echa de menos de verdad,
que seguimos caminando nuestro Madrid con un cigarro entre los dedos,
que leemos El Anticristo en voz baja en Lamiak,
que sigo enamorado de tus piernas y tus labios del último verano.

Ahora que el viaje sigue y ya sabes un poco más...
qué coño,
me gustaría llevarte un rato de la mano.
 
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