¿Recuerdas la noche de aquel polvo preventivo? Habíamos llegado a un acuerdo de sensatez progre el segundo día. Era simple, si después de follar nos seguíamos llamando, quizá pudiéramos escribirnos un par de capítulos.
Te mentí.
Por miedo.
A enseñar las cartas, a que se me cayeran, a que te levantaras de la mesa, a inventarme un jaque mate en dos movimientos.
La verdad, la de verdad, es que ya después de la primera hora necesitaba más tus días que tus piernas. La verdad, la buena, es que me sentí mucho más avergonzado desnudándome aquella madrugada, que encendiéndote la luz de los pasillos donde tenía colgados cinco o seis pares de lágrimas.
Cuando alguien, en una de esas charlas a medianoche en las que todos esperan que seas el tipo profundo y cabrón, el ingenioso, el que se bebe la vida en una pinta de cerveza y escupiendo sobre el papel... cuando, en un alarde de filosofía de ésa que sabes que me pone enfermo, alguien me pregunta qué es la felicidad... yo les sigo contestando que la felicidad es una llamada.
La que no me devolviste.
capítulo primero,
una gata se asoma detrás de la pantalla,
sabe que soy un farsante
la muy puta,
sabe que miento
y me clava un ojo.
no intentes cambiarle el color del pelo,
me dice,
todos sabemos quién es,
¿y tú?
y así un día tras otro,
yo intentando esconderte en cursiva
y ella susurrándome quién eres al oído mientras duermo.
tumbado en la cama
saboreando el opio de cuatro surcos de vinilo
para tomarte con calma.
huyendo del frío que provoca saber que existes en algún lado,
que coges el autobús y el metro,
que te vistes y te desnudas,
que a veces te duelen las piernas de subir a pelo
las cuestas de algunas dudas.
tratando de asimilar este modo de correr
para alejar la meta,
adicto al sudor de perseguirte por calles desiertas,
sofocado
de crear historias en las te subes al ring con la soledad
de algunas noches de domingo.
con dolor de garganta de vomitar la verdad
a base de arcadas de optimismo,
de ganarte el pulso,
de rendirte,
de tumbarte,
de tenerte a ratos entera
y a ratos partida en una habitación vacía,
de echarte de menos de mentira.
firmando en un lugar de tu mancha,
no por mucho tiempo.
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